NUESTRA JUVENTUD
Editorial: NUEVO INICIO
ISBN: 84-947339-3-1
EAN: 9788494733932
22,00 € IVA Inc.
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Descripción

Ha entrado en Librería Renacer como novedad y la primera cata del libro me ha dejado gratamente sorprendido (y que les invito a leer):
«Inmediatamente después de nosotros comienza el mundo que hemos llamado, que no cesaremos de llamar, mundo moderno. El mundo que se las da de listo. El mundo de los inteligentes, de los avanzados, de los que saben, de aquellos a los que no se les dan lecciones, de aquellos ante los que no se presume de talento. el mundo de aquellos a los que ya no hay nada que enseñarles. El mundo de aquellos que se las dan de listos. El mundo de los que no son inocentes ni imbéciles. Como nosotros. Es decir: el mundo de los que no creen en nada, ni siquiera en el ateísmo, que no se consagran a nada, que no se sacrifican por nada. Con exactitud: el mundo de los que no tienen mística. Y que se jactan de ello. Que nadie se engañe, y por tanto, se regocije , ni de un lado ni del otro. El movimiento de desrepublicanización de Francia es en profundidad el mismo movimiento que el movimiento de su descristianización. son conjuntamente un mismo movimiento profundo de desmistificación. En un mismo movimiento profundo, en un único movimiento, este pueblo ya no cree en la República y ya no cree en Dios, ya no quiere llevar la vida republicana y ya no quiere llevar la vida cristiana, (de la que está harto), se podría decir que ya no quiere creer en los ídolos y que ya no quiere creer en el verdadero Dios. La misma incredulidad, una única incredulidad, alcanza a los ídolos y a Dios, alcanza juntos a los falsos ídolos y a verdadero Dios, a los dioses antiguos, al Dios nuevo, a los viejos dioses y al Dios de los cristianos. Una misma esterilidad reseca la ciudad y la cristiandad. La ciudad política y la ciudad cristiana. La ciudad de los hombres y la ciudad de Dios. Ésta es propiamente la esterilidad moderna. Que nadie se regocije, por tanto, viendo la desgracia que le sobreviene al enemigo, al adversario, al vecino. Porque la misma desgracia, la misma esterilidad, el sobreviene a él....»

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